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Vivir en ‘micro-departamentos’, un hábito que crece en Buenos Aires

Infobae, 10-2016 Argentina.

Al igual que en otras grandes ciudades, como Nueva York o París, los altos precios y el aprovechamiento del espacio obligan a que el porteño se mude a departamentos más chicos. Cuáles son las tendencias habitacionales de los porteños.

En el año 2013, el Metropolitan Museum de Nueva York organizó un experimento llamado “Making Room”. Durante cinco días, un individuo diferente vivía -a la vista de todo el mundo- en un “micro apartment” de 30 metros cuadrados. La idea era demostrar que la calidad de vida no se veía afectada por el hecho de habitar en una vivienda más chica, y que la mano de un buen diseño de interior, muebles estratégicamente elegidos, y una utilización y selección inteligente de las pertenencias personales serían la clave para alcanzar la satisfacción en el poco espacio.

En grandes ciudades del mundo, como Nueva York o París, la crisis habitacional y los elevados precios llevaron a que sus habitantes pasen a vivir en departamentos cada vez más chicos. Éste es el caso de la Ciudad de Buenos Aires, en la que, debido a los altos alquileres y al cada vez más difícil objetivo de la casa propia, es una tendencia en crecimiento la posibilidad de vivir en monoambientes de cerca de 29 metros cuadrados. Y, si una propuesta del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) es exitosa, se modificarían las superficies mínimas de los departamentos en Capital Federal

La legislación que utilizarían como base para esta propuesta sería precisamente la de Nueva York, además de la de Montevideo, para la construcción de unidades habitacionales de no más de 24 metros cuadrados. También la del Código de 1944. Esto permitiría considerarse una vivienda mínima de entre 20 y 24 metros cuadrados.

El posible cambio genera posturas encontradas. Los que se oponen creen que se trata de una estrategia de los inversores para vender más unidades y tener más ganancias. Otros opinan que, gracias a este “achique”, más personas podrían acceder a su propia vivienda, y a poder habitar en la Capital, más cerca de mayores oportunidades de trabajo y educación.

Esta última es la visión del arquitecto Augusto Penedo, presidente del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), quien en diálogo con Infobae aseguró que “lo que está claro es que la gente en el mundo tiende a vivir en las ciudades, donde hoy se ofrecen las mejores condiciones para vivir, más posibilidades de conseguir trabajo, de educarse, de tener acceso a servicios de salud de calidad y a la cultura”.

Y prosiguió: “En Buenos Aires ya ocurre eso: aumenta su población cerca de 70.000 personas por año desde el censo de 2010, y el 50% de manera informal -en villas o inquilinatos-. A una parte, sin duda, le da solución el mercado, y a otra no. Y esa es la parte que debemos ayudar a resolver. Hay que hacer posible que, ya sea a través de políticas públicas o de operaciones inmobiliarias, se pueda aumentar la cantidad de ciudadanos que puedan aspirar a tener o alquilar una vivienda formal en la ciudad de Buenos Aires a precios accesibles”.

Es que el precio por metro cuadrado es cada día más irreal. Para la compra, el valor por metro cuadrado es en los barrios más baratos oscila entre los USD 900 y los USD 1300, y en los más caros puede llegar hasta los USD 7000. Para el alquiler, en cambio hay variaciones de acuerdo a la zona: desde los $50 hasta los $350, según datos revelados por el sitio especializado “Reporte Inmobiliario”. “Desde el punto de vista del mercado, la hiperconcentración que se ve hoy en las ciudades, se traduce en escasez de superficies construibles. Quedan muy pocos espacios para construir y esto hace que inexorablemente aumenten su valor, que se verá trasladado al producto final. La incidencia del terreno en el costo de la construcción es uno de los factores que llevan a construir unidades funcionales cada vez más chicas, pero no es el único ni el más importante”, explicó el licenciado Leonardo Figlioli, martillero público de la Ciudad de Buenos Aires.

Para los empresarios, los minidepartamentos son una gran inversión. Figlioli explicó que según el código de edificación de cada ciudad, cada superficie construible tiene permitido una cantidad de metros cuadrados posibles, por lo que resultará más rentable un edificio cuantas más unidades surjan de él. Asimismo, en el caso de las inversiones inmobiliarias, ya sea con destino vivienda o profesional, la renta que se puede obtener de los inmuebles más chicos es porcentualmente mayor que la de aquellas propiedades más amplias. “Este fenómeno se da en ciudades donde el valor de los inmuebles ha alcanzado niveles que la gente tiene dificultades para pagar o no quiere pagar”, aseguró el ingeniero Norberto Walter Pazos, Presidente Honorario del Consejo Profesional de Ingeniería Civil (CPIC). “Por eso, las estrategias de vida orientan a los potenciales compradores -de bajos recursos – a las periferias donde la incidencia de la tierra es menor y la construcción, en general, de menor calidad, baja costos, pone al producto más cerca de ser alcanzado”.

Pero, ¿hay que resignarse a vivir en ambientes más chicos?

Agustín es un joven de 25 años que, recién recibido y muy nuevo en el mercado laboral, optó por alquilar un monoambiente en Caballito. Acostumbrado a vivir en un cuatro ambientes con dependencia en el barrio de Palermo, pensaba que le iba a costar la transición, pero fue más fácil de lo que imaginó: “La verdad es que no estoy mucho tiempo en casa y tampoco tengo muchas cosas, así que no me implicó un cambio muy grande. Pero igual espero que sea algo temporal, por unos años. No me veo viviendo mucho tiempo acá”.

Su realidad es la de muchos jóvenes que se mudan solos por primera vez, ya sea desde el interior para estudiar en Capital, o cuando se van de la casa de sus padres para independizarse y comenzar su vida adulta. El 30% de las viviendas en Buenos Aires son para gente que vive sola. Hace 20 años era el 22,4%, según reveló Penedo. También hay parejas que se suman a esta modalidad, aunque la convivencia puede tornarse más complicada en un lugar tan apretado. Lo cierto es que mudarse a un monoambiente es una solución a un problema de dinero. Nadie lo elige porque quiere, pero es una manera de poder adquirir una vivienda más accesible.

“Seguro que vivir en departamentos grandes debe ser mejor, pero ante la escasez de recursos para comprar una unidad de vivienda en la ciudad, hay que encontrar la manera de poder resolver el problema”, aseveró Penedo. “Una solución es la de superficies mínimas y accesibles económicamente, para una franja importante de la población que quiere ser urbana. Y sobre esto, mucho tenemos para decir los arquitectos”.

Según Pazos “el espacio ideal de una vivienda no solamente depende de las dimensiones sino de su funcionalidad. La combinación de expectativas personales de vida y el diseño determinan el espacio ideal mínimo para cada uno. Lo demás lo determinarán la ubicación, el costo de construcción y las posibilidades económicas financieras del individuo. Estas últimas no son ajenas a la oferta disponible de financiación y a las exigencias vigentes para acceder a ella”.

Lo que no se puede negar es que los microdepartamentos llegaron para quedarse y son cada vez más los empresarios y compañías constructoras que edifican proyectos con unidades de uno o dos ambientes. El acotado lugar propio se suele compensar con amenities varias como pileta, parrilla, SUM y espacios compartidos que dan un respiro a la claustrofobia de los 26 metros cuadrados, aunque también engordan los totales de las expensas.

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